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Quiénes Somos

La FILA es un evento que ha logrado un gran arraigo no solo local sino nacional. Y es concebida como un centro de lectura que forma lectores.

La lectura es un instrumento de transformación y libertad, la feria del libro es una eficaz estrategia para su liberación. Es un esfuerzo del Gobierno del Estado de Coahuila por fortalecer el fomento a la lectura y el desarrollo cultural en su sociedad.

La FILA se encuentra encaminada al fomento de la lectura y a la difusión de los escritores locales, la consolidación de nuevos espacios, mayores ofertas editoriales y el aumento en las ofertas académicas.

Historia Feria Internacional del Libro

La Feria Internacional del Libro en Arteaga (FILA), cumple dos décadas de promover la lectura entre los niños, los jóvenes y los adultos de la región sureste de Coahuila. Puede decirse que ha formado ya a varias generaciones de lectores, que hoy por hoy buscan una lectura amena o instructiva en las bibliotecas, en las librerías o en las infinitas páginas de la internet. La historia de la Feria llena muchas páginas de la historia de la cultura en Coahuila.

La historia de la Feria es también la crónica de los espacios físicos en que ha tenido lugar. Las construcciones culturales requieren de una infraestructura para cumplirse, para materializarse. Generada en el seno de una librería, tuvo en un principio dimensiones reducidas, planteándose como una Feria del Libro Infantil y Juvenil. Pero el deseo de crecer y abarcar públicos más vastos se manifestaba en ella con potencia, así como un árbol pugna por brotar de una semilla. Había nacido prácticamente como una extensión de un inocente concurso de lectura, llamado “¿Por qué es mi consentido?”, mediante el cual los alumnos de primaria del colegio Albatros expresaban en una cuartilla mecanografiada cuál era su libro preferido y por qué razón lo recomendarían a otra persona. Era a mediados de la década de los 90 y la computadora, la internet y las redes sociales no habían proliferado masivamente en Saltillo. De allí se pasó a la organización de una feria del libro, de pequeñas dimensiones, que tuvo como sede durante muchos años al Museo de las Aves, fiel a su vocación infantil y juvenil.

Cuando al Feria se cambió al Museo del Desierto, en el año 2009, fue como si emigrara del campo a la ciudad. Aquello se volvió casi glamoroso, casi cosmopolita. Los salones amplios, las cómodas butacas, los fluidos corredores le dieron al festival de las letras un estatus definitivo. Era ya algo más que un tianguis de libros organizado con ánimo idealista y generoso. Se trataba de establecer la feria como una institución en el seno de la ciudad que antaño blasonaba de ser la Atenas del Norte, y como tal era respetada en el resto del país. Se instaló la cátedra Alejo Carpentier, como corazón de la Feria y como proyecto de avanzada para volverla internacional. Eruditos cubanos de gran tonelaje –Ana Cairo y José Antonio Baujín-  se apersonaron en Saltillo para documentar con entusiasmo y firmeza a este escritor, que es uno de los íconos fundatorios de la literatura hispanoamericana. Se proyectó asimismo un ciclo de cine cubano. Se presentaron espectáculos diarios de música y canto en la explanada del museo. Como sabemos, el libro es un organismo vivo, de muchos brazos, que se bifurca y se metamorfosea en imágenes, en sonidos, en voces.

La plana mayor de la literatura mexicana ha estado en los recintos de la Feria: desde Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska hasta Sergio Pitol y Vicente Leñero, representantes los cuatro, no obstante la diversidad de su obra, de la denominada Generación de 1950. Desde José Agustín hasta Paco Ignacio Taibo II, desde Cristopher Domínguez hasta Ernesto Lumbreras, representantes de las promociones a quienes tocó pasar de un siglo a otro, en la historia de nuestra literatura reciente. El número de los autores que recorrieron los pasillos del Museo es considerable y la prensa local tiene registro de sus conferencias, de sus entrevistas, de sus firmas de libros. Situada a pie firme en el circuito de las ferias nacionales, la de Saltillo ha ido consolidándose como una de las más relevante y concurridas en el ámbito regional y nacional.

Nuestra ciudad ha tenido desde siempre vocación por la cultura. Es por ello que, sin duda con menos recursos económicos, nuestra Feria no ha deslucido en absoluto comparada con la de la vecina ciudad de Monterrey, que tiene lugar unos días después de que culmina la nuestra. Ciudad estudiantil, llena de escuelas y bibliotecas, y últimamente de museos, tenemos un público numeroso y familiarizado para acoger este tipo de estructuras culturales. Una inversión que repercute en los jóvenes y en las mujeres, en los niños y en los ancianos, en los estudiantes y los jubilados, que constituyen el mercado acostumbrado del libro, pero que son en sí mismos grandes activos sociales. Los hombres y las mujeres de edad madura, en su período productivo, son el objetivo tantos de las editoriales como de las políticas de fomento a la lectura. Son también el objetivo de la Feria del Libro cada año, y cada año aumenta su afluencia.